La mente extendida y el inhumanismo: la razón más allá de lo humano

Samuel Villa Márquez
samuel.villa1@udea.edu.co

Introducción

Según Clark y Chalmers (2011), el lenguaje es “un medio central mediante el cual los procesos cognitivos se extienden al mundo” (p.20). Asimismo, el lenguaje es el medio en el cual los seres humanos aprendemos a desplegar las habilidades conceptuales necesarias para la construcción del espacio intersubjetivo de la razón humana. En un primer momento, podríamos definir la razón no como una facultad esencial de la naturaleza humana, sino como una capacidad cognitiva que surge del carácter sapiencial del ser humano, y que consiste en desplegar ciertas reglas normativas en la conducta racional por medio del lenguaje. La razón no es, entonces, algo interno al sujeto, en el sentido trascendental de un sujeto universal. Más bien, se trata de la construcción intersubjetiva de la comunicación conceptual. Si bien surge de la capacidad sapiencial humana, como señala Negarestani, la razón se desarrolla como un espacio experimental y constructivo donde lo humano mismo no puede definirse a partir de una visión a priori de cómo este se prevé, sino que requiere de la formulación de un compromiso con respecto a lo humano.

Así pues, en este ensayo nos proponemos relacionar la teoría de la mente extendida de Clark y Chalmers, centrándonos en el lenguaje como herramienta extendida de la mente, con el inhumanismo de Negarestani. Esta relación nos permitirá observar cómo el lenguaje y la razón no solo son procesos cognitivos extendidos, sino que, además, abren la razón y la inteligencia a un espacio intersubjetivo que requiere de una actitud interventiva y constructiva con respecto a la propia definición de lo humano.

1. La mente extendida y el lenguaje

La teoría de la mente extendida ha permitido una considerable ampliación del horizonte explicativo de cómo funcionan nuestros procesos mentales y la naturaleza misma de nuestra cognición. La razón principal de esta ampliación se debe a la transfiguración que ha sufrido la noción del sujeto/mente como algo cerrado en sí mismo y hermético gracias a la concepción extendida de la cognición y la mente. Uno de los aspectos centrales de aquella teoría es la idea de que los procesos cognitivos y mentales no solo se desarrollan dentro del cráneo o la piel, sino que también se extienden al entorno, donde algunos factores cumplen un papel causal y constitutivo. De manera general podríamos decir que, para Clark y Chalmers, un proceso cognitivo consiste en un sistema ensamblado de diferentes elementos, que pueden estar todos dentro de la cabeza o no, y que contribuyen de manera determinante y funcional a la conducta. El Tetris es un buen ejemplo de la extensión de dichos procesos. El jugador, los botones del juego, la pantalla y la imagen generarían un sistema ensamblado donde el jugador puede, por medio de los botones y la rotación de la figura en la pantalla, producir una acción en el mundo que le permita adquirir nuevas determinaciones para saber en qué medida debe rotar la figura, de modo que esta encaje en el lugar deseado. Este tipo de acciones cognitivas son denominadas acciones epistémicas, las cuales se caracterizan por generar un sistema de retroalimentación entre el sujeto y el entorno que le permite al sujeto adquirir ciertos tipos de conocimientos:

La acción epistémica, sugerimos nosotros, implica la expansión del crédito epistémico. Si, cuando abordamos una tarea, una parte del mundo funciona como un proceso que, si se hiciera dentro de nuestra cabeza, no dudaríamos que es parte del proceso cognitivo, entonces esa parte del mundo (defendemos nosotros) es parte del proceso cognitivo. ¡Los procesos cognitivos no están (todos) dentro de la cabeza! (Clark & Chalmers, 2011).

El carácter extendido de la mente, como señalan los autores, ha sido un factor crucial en la evolución de la cognición humana. Es muy posible que el cerebro haya evolucionado de la manera en la que lo ha hecho, debido a la presencia fiable de un entorno externo manipulable, por medio del cual el humano ha podido integrar estos factores externos a los circuitos cognitivos. En este sentido, podemos señalar la disposición ecológica de la cognición, que se integra en el entorno donde coexiste con determinados factores externos (como herramientas propias del entorno), pero también herramientas realizadas por los mismos humanos (como sería el caso del lenguaje).

El lenguaje es un ejemplo crucial de cómo funcionan estos sistemas ensamblados y propios de la evolución de la razón humana. Este ha permitido extender y complejizar los procesos cognitivos de maneras extraordinarias. Al igual que diversos artefactos físicos que realizan tareas cognitivas extendidas, el lenguaje es una de estas extensiones en las que el cerebro se ha desarrollado de manera complementaria a estructuras externas, donde este “aprende a hacer su papel dentro de un sistema unificado y densamente ensamblado” (Clark & Chalmers, 2011, p.20), como lo sería el espacio de la razón. El desarrollo del lenguaje en la evolución humana ha permitido, a su vez, el desarrollo de la capacidad racional de intervenir y movernos en diferentes estructuras lingüísticas de un modo tan natural como un pez desarrolla sus capacidades natatorias en relación con su entorno. El lenguaje, entonces, no sería el medio de nuestros estados internos, sino el complemento o la herramienta externa por medio de la cual los estados mentales complejos se desarrollan (como es el caso de las creencias y todos los demás estados proposicionales). Ahora bien, ¿cuáles podrían ser las características de este espacio extendido del lenguaje y la razón humana? En Negarestani podemos encontrar los elementos conceptuales que permiten empezar a trazar una respuesta­­.

2. Lo humano, la razón y lo inhumano

Siguiendo a Negarestani en su ensayo “La labor de lo inhumano”, podemos decir que ser un humano es principalmente el punto de cruce entre la sintiencia y la sapiencia. La sintiencia se define como una categoría principalmente biológica, mientras que la sapiencia se refiere a las características del sujeto racional. Este sujeto racional, según Negarestani, se define fundamentalmente por la capacidad de la razón para reconocer leyes lógicas o lingüísticas y no simplemente estar supeditada a leyes naturales (Negarestani, 2017).

La diferencia entre estas leyes lógicas-lingüísticas y la sintiencia estaría determinada por la “comunicación estabilizada a través de conceptos (como la que se hace posible a través del espacio común del lenguaje y las formas simbólicas) y los tipos de respuesta caóticamente inestables o transitorios” (Negarestani, 2017, pp. 226-227), propios de los procesos biológicos. En términos de Clark y Chalmers, podríamos decir que la característica sapiencial humana estaría determinada por la capacidad de parasitar el entorno por medio de símbolos y de conceptos, que han permitido crear un espacio intersubjetivo y socialmente extendido de los procesos mentales. Este espacio de la razón crea constantemente sus propias normas y su modo de funcionamiento.

Para Negarestani (2017), la característica sapiencial y racional, constitutiva del ser humano, implica la constante construcción de prescripciones y descripciones en torno a lo humano. Se trata de prescripciones y descripciones hechas por y para el humano por medio de la capacidad racional de dar y pedir razones en la construcción constante del espacio racional. Esta construcción activa de la razón implica un compromiso con la formulación de las definiciones de lo humano. Un compromiso que, según Negarestani, solo tiene sentido en virtud de su contenido pragmático, es decir, su significado por el uso y por la acción. En consecuencia, un compromiso requiere, a su vez, de una actitud interventiva. Es decir, una actitud que busque elaborar el contenido mismo del compromiso de acuerdo con su progresiva actualización a partir de compromisos colaterales que surgen en el curso de la elaboración de un primer compromiso. Como lo resume Negarestani: “un compromiso no puede ser examinado ni asumido sin el proceso de actualización del compromiso y el desentrañamiento de sus consecuencias a través de toda una gama de prácticas multimodales” (2017, p. 224). Así pues, elaborar un compromiso con lo humano implica el progresivo desarrollo de descripciones y prescripciones de qué es ser humano.

Sin embargo, para no fundamentar las características de lo humano en un poder esencialista y trascendental que se convierta en un fundamento o axioma universal, el contenido de la descripción de lo humano debe elaborarse en relación “no de un significado originario o un derecho de nacimiento, sino en el sentido de un trabajo que implica la elaboración ampliada de lo que significa ser humano a través de una serie de performances especiales y susceptibles de mejora” (Negarestani, 2017,).  Es decir, el conjunto de leyes y normas prescriptivas hechas por y para el humano que permitan describirlo y actualizar constantemente su descripción. Esta redefinición constante de lo humano es lo que señala Negarestani como lo inhumano:

El humanismo no puede ser entendido como una afirmación acerca de lo humano que pueda ser simplemente proclamada una vez y transformada subsecuentemente en un fundamento o axioma y considerarse concluida. El inhumanismo es una nomenclatura de la inviabilidad de esta proclamación de una única vez. Es una figura de la imposibilidad de dar el asunto por concluido de una vez por todas. (Negarestani, 2017, p. 226).

Este juego constante entre la prescripción y descripción del compromiso con lo humano está ligado, entonces, a la constante configuración del espacio de la razón. Este espacio, como señalamos a partir de Clark y Chalmers, es realizado por medio de la extensión de la cognición en su dimensión intersubjetiva, mostrando así la característica socialmente extendida de lo humano. Si unimos, entonces, la noción de la mente extendida y, en particular, la del lenguaje como una de estas herramientas humanas que han permitido extender los procesos cognitivos (en este caso en el espacio común de la razón) con la idea de la autoconstrucción colectiva de lo humano, podemos señalar que la racionalidad no es un proceso cerrado ni un atributo fijo de la esencia humana, sino que es un proyecto en constante reconfiguración. Asimismo, esta perspectiva permite comprender que la racionalidad no es necesariamente exclusiva de lo humano, sino que puede constituirse a través de redes de cooperación intersubjetiva y de artefactos técnicos y tecnológicos. Si la racionalidad es un proceso extendido y no hay ninguna característica esencial que la restringa a lo humano, entonces es viable pensar que esta puede ser intervenida por elementos no humanos. Así pues, podríamos decir que las extensiones cognitivas no solo se caracterizan por la disposición abierta y funcional del sujeto, sino que, además, estos sistemas ensamblados reescriben y reconstituyen constantemente lo que entendemos por sujeto, razón y humanidad.

Conclusión

Para concluir, podemos señalar, por una parte, el inhumanismo como un llamado a la necesidad de asumir activamente la transformación constante de nuestro compromiso con lo humano y su constante transformación. Por otra parte, la tesis de la mente extendida nos señala la dependencia de nuestras capacidades cognitivas con el entorno mismo, en el cual tales capacidades se desarrollan y transforman. Si unimos estas dos propuestas teóricas, podríamos concluir que la convergencia entre la mente extendida y el inhumanismo abre la posibilidad de explicar la inteligencia humana y la razón no como una característica esencial y fija de lo humano, sino como un proyecto constante y experimental de carácter navegacional, como propone Negarestani (2017). Lo inhumano de lo humano es, entonces, el compromiso abierto e interminable de la construcción de nuevas subjetividades y la posibilidad de nuevos mundos. Añadir al inhumanismo el carácter extendido de la razón no solo permite descentrar lo humano de una categoría fija y cerrada, también posibilita la expansión y transfiguración de la inteligencia más allá de los límites de lo humano.

Referencias

Clark, A., & Chalmers, D. (2011). La mente extendida. Cuadernos de Información y Comunicación. 16, 15-28. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=93521629002

Negarestani, R. (2017). La labor de lo inhumano. En A. Avanessian & R. Mackay (Eds.), Aceleracionismo: Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo (pp. 221–267). Caja Negra.

2 comentarios en “La mente extendida y el inhumanismo: la razón más allá de lo humano

  1. santiagoarangom dijo:
    Avatar de santiagoarangom

    Pregunta de Juan Diego Cardona: ¿Es posible que una inteligencia artificial, cuya naturaleza no es biológica, se integre en lo que el autor denomina “espacio intersubjetivo de la razón” para considerarse como un sujeto/objeto sapiente? Esta cuestión la formulo a partir de lo que en el texto se plantea como inhumanismo, que concibe lo humano no como una esencia biológica fija, sino como un compromiso racional y constructivo que puede ser intervenido por elementos no humanos. En este sentido, si la razón no es un atributo exclusivo de los humanos, artefactos como la IA, se podrían asumir como una forma de racionalidad.

  2. santiagoarangom dijo:
    Avatar de santiagoarangom

    Pregunta de Santiago Mendoza: Tengo dos dudas. En primer lugar, ¿la definición de Negarestani que cita el ensayo, aquella en la que el sujeto racional se define por «la capacidad de la razón para reconocer leyes lógicas o lingüísticas» no es una definición circular? Porque usa «la razón» para definir lo racional. En segundo lugar, incluso aceptando esa definición, no veo cómo se sigue que la racionalidad no sea exclusiva de lo humano. Que la cognición se extienda a artefactos no implica que los humanos no posean unas condiciones de posibilidad intrínsecas para razonar ¿Hay un paso intermedio o anterior que me estoy perdiendo?

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