La distinción personal-subpersonal y la divagación mental en Thomas Metzinger

Ha sido tendencia entre filósofos considerar que el pensamiento racional, autónomo y autocontrolado es la regla general que rige la cognición consciente, es decir, el agente decide activamente el curso de sus pensamientos la mayor parte del tiempo (Metzinger, 2013, 2018). Sin embargo, además del sueño nocturno (y sin contar el sueño lúcido), es recurrente la aparición de fenómenos mentales que escapan al control del agente, donde el caso paradigmático es la divagación mental (mind-wandering) (Metzinger, 2013, 2015, 2017, 2018). Esta dicotomía remite a la distinción entre los dos niveles de explicación de la cognición, a saber: el nivel personal y el subpersonal. A continuación, describiré brevemente los aspectos centrales de estos niveles y su relación con la divagación mental con base en los planteamientos de Thomas Metzinger.

Para empezar, el nivel personal engloba la fenomenología asociada a la perspectiva de primera persona y se divide en dos clases principales: el modelo fenoménico de sí mismo (phenomenal self-model) y el modelo de agente epistémico (epistemic agent model). El modelo fenoménico de sí mismo es la clase más general y se refiere al conjunto de todos los modos posibles en los cuales el agente puede representarse como el protagonista de una situación, donde cada modo individual en un tiempo determinado corresponde a una unidad de identificación (unit of identification) especifica (Metzinger, 2013, 2017, 2018). Por ejemplo, si un agente se encuentra en medio de un auditorio escuchando una conferencia aburrida y decide abstraerse, quizás en una simulación de sí mismo comprando algunos alimentos en un supermercado, entonces su unidad de identificación será el cliente del supermercado, a pesar de que aún permanezca en medio de la conferencia (Metzinger, 2018).

Por otro lado, el modelo de agente epistémico es una clase especial del modelo fenoménico de sí mismo en la cual el agente se representa como un sistema de procesamiento de la información dispuesto para construir, sostener y controlar las relaciones epistémicas que establece con el mundo (Metzinger, 2013, 2015, 2017, 2018). Esta clase especial se presenta de dos formas particulares: la agencia atencional (attentional agency), que es la habilidad para dirigir el foco de atención hacia un aspecto del mundo, como un objeto, una cualidad o una situación determinada; y la agencia cognitiva (cognitive agency), que es la habilidad para dirigir el curso de los pensamientos hacia un objetivo epistémico específico, como resolver un rompecabezas, realizar un cálculo matemático o construir un argumento. (Metzinger, 2013, 2015, 2017, 2018). En términos del desarrollo cognitivo, la agencia atencional se origina antes que la agencia cognitiva; de hecho, esta última depende de la agencia atencional para conservar una estructura lógica en la articulación de los pensamientos. Por lo tanto, la agencia atencional es la forma más básica en que se presenta el modelo de agente epistémico (Metzinger, 2013, 2015, 2017, 2018).

No obstante, la propiedad fundamental del modelo de agente epistémico es la autonomía mental, que es la capacidad del agente para controlar racionalmente sus funciones mentales, como la atención, la memoria o la toma de decisiones; escoger y comprometerse activamente con un objetivo epistémico; así como supervisar el contenido actual de su pensamiento (Metzinger, 2013, 2015, 2018). Esto último incluye una función denominada “control de veto” (veto control), que consiste en la capacidad para terminar, inhibir o suspender un proceso mental en marcha (Metzinger, 2013, 2015, 2018). De modo que esta concepción de la autonomía mental se refiere en sentido estricto a la propiedad que permite mantener una perspectiva estable de primera persona a partir del autocontrol racional y la metaconciencia (Metzinger, 2018).

Ahora bien, el nivel subpersonal engloba el conjunto de todos los procedimientos funcionales automáticos del cerebro, como los latidos del corazón, la respiración o la respuesta inmunológica (Metzinger, 2013, 2018). De los fenómenos mentales subpersonales, la divagación mental es el caso paradigmático, pues ocupa cerca del 40% de los periodos de vigilia y se presenta de distintas formas, como ensoñaciones, planificaciones automáticas, recuerdos espontáneos, rumiaciones depresivas (entre otras) (Metzinger, 2013, 2015). En términos generales, los episodios de divagación mental se caracterizan por la pérdida recurrente de la autonomía mental y la metaconciencia. El agente experimenta un lapsus atencional seguido de un cambio en la unidad de identificación, de modo que se encuentra a sí mismo como el protagonista de una simulación mental automática (Metzinger, 2013, 2018). En ocasiones, el agente puede comenzar intencionalmente un episodio de divagación mental (como es el caso de quien decide abstraerse de una conferencia aburrida), pero no puede dirigirlo, suspenderlo o terminarlo (Metzinger, 2018). Frente a esto, la evidencia empírica sugiere que las simulaciones mentales automáticas corresponden a una mayor actividad en la red neuronal por defecto (default mode network) y terminan por la activación de la corteza frontomedial (fronto medial cortex), asociada con el desempeño de las funciones ejecutivas (Metzinger, 2013, 2017). Por lo tanto, la divagación mental involucra el colapso del modelo de agente epistémico; es un fenómeno que está más allá del control del agente (Metzinger, 2013, 2015, 2017, 2018).

Al respecto, es preciso señalar que cerca de dos tercios de la cognición consciente corresponden con fenómenos mentales subpersonales, pues la autonomía mental es una capacidad supeditada a las etapas del desarrollo cognitivo (Metzinger, 2013, 2015, 2017, 2018). En sentido estricto, el agente adquiere autonomía mental a medida que alcanza la madurez cognitiva y la pierde gradualmente como consecuencia del envejecimiento, de modo que no cuenta con ella en dos etapas: la infancia y la vejez. Además, la aparición recurrente de episodios de divagación mental sugiere que la autonomía mental permanece aún menos tiempo del esperado. En ese orden de ideas, el pensamiento racional autónomo y autocontrolado es la excepción, no la regla (Metzinger, 2013).

Referencias

Metzinger, T. (2013). The myth of cognitive agency. Frontiers in Psychology, 4, 931-XXX. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00931&nbsp

Metzinger, T. (2015). M-autonomy. Journal of Consciousness Studies, 22 (11-12), 270–302.

Metzinger, T. (2017). “The problem of mental action: predictive control without sensory sheets”. In (T. Metzinger & W. Wiese, Eds.). Philosophy and Predictive Processing. Frankfurt am Main: MIND Group, 1–26.

Metzinger, T. (2018). Why Is Mind-Wandering Interesting for Philosophers? In K. C. Fox & K. Christoff (Eds.), The Oxford handbook of spontaneous thoughthttps://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780190464745.013.32