Los sentimientos metacognitivos y las affordances mentales

La experiencia de tener un nombre en la punta de la lengua nos es familiar. Uno siente que conoce el nombre, aunque no sea posible recordarlo. En ocasiones aparecen fragmentos de información: una letra, el rostro de la persona, el lugar donde se la conoció. El nombre parece cercano, pero inaccesible. Esta sensación suele motivar la búsqueda y sostener el esfuerzo por recordar, incluso después de varios intentos fallidos.

Esta experiencia plantea dos preguntas filosóficas: ¿cómo es posible sentir que se sabe algo cuando todavía no se logra recordarlo? ¿Qué función desempeña ese sentimiento en la actividad mental? En el artículo Metacognitive feelings as mental affordances, escrito por Santiago Arango Muñoz y Sebastián Mejía-Rendón, abordamos estas preguntas a partir de una propuesta general: ciertos sentimientos presentan posibilidades de acción mental y motivan su realización. Esta perspectiva permite examinar cómo la dimensión afectiva del pensamiento contribuye a orientar la memoria, el razonamiento y la atención.

Cuando se habla de afectividad, se piensa en emociones como el miedo, la tristeza o la alegría. Sin embargo, la actividad cognitiva también está acompañada por experiencias afectivas menos tematizadas: la sensación de conocer una respuesta, de haber cometido un error, de comprender una explicación o de estar olvidando algo. Estas experiencias reciben el nombre de sentimientos metacognitivos porque conciernen a los propios procesos y capacidades cognitivas. Su presencia permite apreciar que pensar tiene una dimensión fenomenológica que moldea la actividad mental.

Un ejemplo cotidiano es la sensación de olvidar algo al salir de casa. Antes de identificar qué falta, aparece una inquietud que lleva a revisar los bolsillos, comprobar el contenido de una mochila o reconstruir las actividades previstas para el día. La identificación de lo olvidado puede llegar después: las llaves, un documento, un libro. El sentimiento interrumpe la acción, orientando una búsqueda. Su relevancia reside tanto en lo que permite advertir como en la actividad que contribuye a poner en marcha.

Para explicar la función de este tipo de sentimiento recurrimos al concepto de affordance, introducido por el psicólogo James Gibson. El término designa las posibilidades de acción que ofrece un entorno en relación con las capacidades de un organismo. Una silla ofrece la posibilidad de sentarse; una escalera, la de subir; una rama, la de sujetarse o posarse. Estas posibilidades tienen un carácter relacional: una rama puede sostener a un pájaro y resultar demasiado frágil para una persona. Comprender una affordance exige considerar conjuntamente las características del entorno y las capacidades de quien actúa.

El filósofo Tom McClelland propuso extender este concepto al ámbito de la acción mental. Un recipiente lleno de canicas puede ofrecer la oportunidad de contarlas; una novela, la de imaginar; una voz que sobresale entre el ruido, la de prestar atención. Desde esta perspectiva, la percepción del entorno contribuye a preparar y orientar actividades cognitivas. En nuestro artículo retomamos esta propuesta y defendemos su ampliación para incorporar las oportunidades de acción que se presentan a través de los sentimientos metacognitivos.

La experiencia de la punta de la lengua permite ilustrar esta ampliación. Aunque la información buscada no esté disponible en ese momento, el sentimiento la presenta como potencialmente recuperable. De este modo, favorece el inicio o la continuación de la búsqueda en nuestra memoria. La situación es diferente cuando una pregunta concierne a información completamente desconocida: en ese caso, puede no haber motivo para intentar recordarla. Los sentimientos metacognitivos contribuyen así a seleccionar tareas, distribuir el esfuerzo y regular la persistencia. También pueden favorecer un cambio de estrategia, como consultar una agenda o recurrir a otra persona.

En el razonamiento se encuentran experiencias semejantes. Al seguir un argumento, puede sentirse que la conclusión se sigue de las premisas o que algún paso resulta problemático. A veces, la dificultad se experimenta antes de que sea posible formular una objeción precisa. Esa incomodidad puede motivar una revisión de las premisas, la búsqueda de un contraejemplo o el examen de una transición inferencial. El sentimiento de error o de falta de fiabilidad participa entonces en la regulación del razonamiento, orientando la atención hacia aspectos que requieren un análisis adicional.

Esto no implica que los sentimientos garanticen la corrección del pensamiento. Una conclusión falsa puede suscitar mucha confianza, mientras que un razonamiento válido puede generar dudas. Conviene distinguir la función reguladora de estos sentimientos de su fiabilidad: pueden orientar la actividad cognitiva y, al mismo tiempo, conducir a errores. Por ello, su estudio también exige considerar las condiciones en las que resultan adecuados y las circunstancias en las que necesitan ser corregidos mediante pruebas, argumentos o intercambios con otras personas.

La atención constituye un tercer ámbito de análisis. La curiosidad puede hacer que una pregunta aparezca como digna de exploración y sostener la búsqueda de información. El aburrimiento, por su parte, puede motivar el abandono de una actividad y la búsqueda de alternativas. Estos sentimientos intervienen en la selección de aquello a lo que se atiende y en la duración del compromiso con una tarea. Su análisis permite comprender cómo las necesidades informativas y la experiencia afectiva participan conjuntamente en la regulación de la atención.

Nuestra propuesta central es que los sentimientos metacognitivos constituyen affordances mentales: posibilidades de acción que se presentan de manera afectiva. El sentimiento de saber hace disponible una oportunidad de recordar; el sentimiento de error, una oportunidad para revisar nuestro razonamiento. Esto no exige que la experiencia contenga instrucciones detalladas sobre los procedimientos cognitivos implicados. El sentimiento permite que algunas de esas capacidades se manifiesten como posibilidades de acción para el agente.

Artículo: Santiago Arango-Muñoz y Sebastián Mejía-Rendón, Metacognitive feelings as mental affordances. Theoria. An International Journal for Theory, History and Foundations of Science, 41(3), 378-395. https://doi.org/10.1387/theoria.27706

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